Tristeza

16 Mar

 

Hoy es un día triste.

El G-8 da la espalda a los hombres y mujeres que luchan en Libia por su vida, por su futuro, por su libertad.

Les pusimos en la cabeza que era posible, que estaban en su derecho a rebelarse y que podían ganar esa lucha. Les dejamos muy claro que su lucha era la nuestra: libertad, democracia, derechos humanos… “¡Mirad, nosotros somos así!”, les dijimos. Y ellos se vieron legitimados para levantar por primera vez la voz ante su líder loco. Y lo hicieron sin miedo porque les hicimos creer que les ayudaríamos a librarse de él.

Pero, de repente, es un mal momento para luchar por la democracia y los derechos humanos. Quizá la crisis económica, quizá la que se nos viene encima con el terremoto de Japón, quizá algunas presiones de algunos países que controlan el petróleo… Quizá todo junto. Ahora el G-8 considera que hay otras cosas más importantes (¿cuáles?) y da la espalda a esos hombres y mujeres. “Dejémosles morir en paz en su propia guerra que no es la nuestra”, parecen decir, “dejemos que les aplasten con los carros de combate, y por favor Sr. Gadafi, sea usted rápido y no deje que hagan mucho ruido para que todo vuelva a la normalidad”, parecen suplicar, “esa normalidad en la que todos estábamos tan cómodos y donde ya todos conocíamos cuál era nuestro papel”.

Hoy es un día triste porque hoy, como “occidentales”, la hemos cagado mucho. A partir de hoy “Occidente” ya no tendrá más (si es que la tenía) ningún tipo de legitimidad para hablar de libertad, de democracia o de derechos humanos. ¿Por qué “occidente” no va a defender a los oprimidos que nos están pidiendo ayuda? El jefe de la diplomacia alemana, Guido Westerwelle, ha dicho que “somos escépticos porque tememos que, al final, la intervención devenga en una guerra que debilite el movimiento de democratización del norte de África”. Esta sorprendente posición sería una buena noticia para la lucha pacífica (dando un sorprendente giro a las tesis de la insurrección pacífica, llevándola a las más altas esferas políticas, justo lo contrario que promulga Stéphane Hessel), pero luego ha seguido hablando y ha dado las verdaderas razones de todos los países allí reunidos: “No quiero que Alemania se implique en una guerra en el norte de África; debemos aprender de los errores pasados”.

Hoy es un día triste, pero por lo menos ya tenemos otro error del que aprender. A ver si es verdad.

 

 

 

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