Tag Archives: De todo un poco

Armas biológicas en Barcelona

17 May

 

¿Recuerdas aquella canción que decía “Barcelona tiene poder…”? Pues eso, que Barcelona tiene poder. Ahora mismo, si te paseas por sus calles, te darás cuenta de que sólo con el armamento biológico que hemos acumulado en nuestras calles durante lo que llevamos de primavera, Barcelona tiene el poder de eliminar a todos los alérgicos del mundo. Y matando dos veces a cada uno de ellos.

 

Barcelona está cargada

 

Aquí, hasta que no vengan a invadirnos los americanos por esconder armas de destrucción masiva no pararemos… Si conoces alguna ONG que se dedique a serrar/arrancar/quemar/salar/envenenar estos árboles tan extendidos por nuestras ciudades, me avisas, ¿vale? Es sólo por saber.

 

 

 

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Normas del buen vestir

7 Abr

 

Hoy me he encontrado con un amigo al que hacía muchos años que no veía. Demasiados años, seguramente la mayoría de ellos por mi culpa. Y hace un rato, todavía pensando en el encuentro, me he acordado de una fiesta que hicimos donde parodiábamos la ceremonia de los Oscar. Medio en broma medio en serio, a mí me concedió el premio al mejor vestuario por la película Barrio. Y es que por aquellas épocas mis camisetas raídas no pasaban desapercibidas.

Desde entonces no he mejorado mucho. Todavía uso alguna de esas camisetas y tengo otras ‘nuevas’. Pero alguna cosa sí he aprendido. Sobretodo mirando a los demás. Así que en un alarde de generosidad, y esperando que te sirva en el futuro, aquí va este pequeño consejo para que nunca te equivoques con tu estilo.

 

 

Y si a ti no te sirve este consejo, pásalo. Seguro que le sirve a algun/a despistado/a.

 

 

 

Martes trece

13 Mar

 

De pequeño me gustaba mucho ir en bici por los caminos del pueblo con mis amigos, levantando nubes de polvo que enblanquecían las viejas encinas que se repartían en pequeños grupos de dos o tres a orillas de los estrechos caminos, ensanchados periódicamente por los forestales para llegar más rápido a apagar posibles incendios. Me gustaba cuando llegábamos cansados, quizá con algo de sangre ya seca en una pierna por un derrape mal solucionado, a cualquiera de nuestros cientos de rincones secretos donde escondernos, donde hincharnos de moras salvajes (“¿serán estas las venenosas o las que no?”), ¡salvajes!, o donde construir nuestras cabañas. Y luego ir a la fuente del pueblo o al lavadero público a pasarnos el calor bebiendo hasta doler el estómago y mojando todo el pelo, dibujando por nuestro cuerpo chorretones de todas las gamas de marrón y gris imaginables, y también algo de ocre si de verdad había sangre.

Y también jugaba con los clicks y los airgamboys, y me hacía arcos con sus flechas, y hondas que lanzaban piedras a decenas de metros (¡alguna incluso llegó casi a los cien!… creo).

Sí, yo tuve una infancia normal, pero hace muchos años, tantos que no pienso decir cuántos, uno de mis otros pasatiempos favoritos cuando estaba en casa de mis padres era rebuscar entre los libros y enciclopedias varias que mi abuelo tenía en su biblioteca. Sabía que si buscaba con atención siempre podría encontrar alguna sorpresa entre los libros. Eran sorpresas pequeñas, como aquellos títulos nuevos que nunca antes había visto, y que me parecía imposible que estuvieran allí de repente. ¡Yo me sabía casi de memoria todos los títulos que estaban a la vista en la habitación! Encontrarlos era algo casi mágico, porque esos libros tenían que estar siempre en el mismo sitio ya que mi abuelo era un fanático del orden en su reino de papel. Yo no leía esos libros nuevos. No me interesaban. Sólo quería descubrir los títulos que aparecían y desaparecían como por arte de magia. A veces, cuando me acuerdo de esos momentos, pienso que mi abuelo me espiaba desde la puerta, o desde detrás de uno de los cuadros, escondido en algún cuarto secreto que todavía hoy no he descubierto, y que sonreía satisfecho viendo cómo me sorprendía. Creo que esperaba a que me fuera para cambiar un par de libros de sitio y dejarme así un nuevo momento mágico preparado para otro día.

Cuando no había libros distintos, había enciclopedias que llamaban mi atención. Lo hacían de forma sutil, separándose uno de los volúmenes de la línea marcial que marcaban los demás, como si hubieran hecho un pequeño paso al frente. Era poca cosa, pero suficiente para destacar en ese mundo de orden en el que un pequeño cambio era como un grito en una misa. Y, por si no lo sabías, cuando coges una enciclopedia vieja, la pones encima de la mesa sobre su lomo y dejas que se abra sola, ella lo hace por la última página visitada. Es una especie de punto de libro natural, un ápice de memoria que toda enciclopedia vieja adquiere cuando la goma que pega sus páginas está ya bastante gastada. Mi abuelo debía saberlo, y por eso creo que también me preparaba sorpresas dentro de las enciclopedias.

Mi abuelo y yo nunca hablamos de todos los descubrimientos que hice en su castillo de libros, pero aunque nunca me lo confirmara sé que era cosa suya.

Ahora ya no hay tantos libros ni enciclopedias de papel a mi alcance, pero la costumbre de buscar sorpresas quedó. Y como para eso internet es un lugar fantástico, a veces me da por pensar que mi abuelo controla Google y la Wikipedia para que yo, sin saber cómo, me encuentre cosas como ésta: trezidavomartiofobia.

Ahí queda eso.

 

p.d.: gràcies, iaio.

 

 

 

Problemas de personalidad

6 Mar

 

Creo que a esto se le llama complejo de inferioridad, pero yo no soy psicólogo ni nada de eso, o sea que no puedo confirmarlo.

 

"arm a chair"

 

Es raro que le pase a un sillón, pero más raro es aún cuando le pasa a un diván. Eso ya son palabras mayores.

 

 

29 de febrero

29 Feb

 

Hoy es un día que no debería existir y punto.

 

 

 

Un bonito fin de semana

27 Feb

 

A veces, sin saber por qué, te encuentras con un bonito fin de semana. Me pasó el fin de semana anterior a éste, que recuerdo todavía con un suave sabor a canela.

Y este fin de semana también ha sido bonito. No había demasiadas señales que me hicieran creer que así sería, pero no siempre hay que hacer caso a las señales.

Vid

 

¿Sabías que la palabra “vid” tiene su origen en el latín “vitis“? “Vitis“, en su origen, no significaba otra cosa que “retorcer”. Y tiene su lógica que, dada la capacidad de retorcerse que tiene esta planta, se la llamara así.

Pero me gustaría que si hay alguien por aquí que sepa de este tema me aclarara por qué la palabra “vid” viene de “vitis” y no de “vita-ae” (vida). Porque ¿¡has visto cómo se aferra a todo lo que pilla!? Sí, la verdad es que lo hace de una forma bastante retorcida, pero también con una fuerza y una belleza espectaculares. ¿No sería más bonito que el nombre de esta planta surgiera de su amor por la vida en lugar de recordarnos la forma retorcida con qué se adapta a ella?

Sí, sería bonito que así fuera, pero entonces no sería como… como la vida.

 

Por lo que veo, en el proceso de hacer vino en el que me he metido voy a tener la suerte de aprender mucho más de lo que esperaba al principio. ¿No es esto un bonito fin de semana?

 

 

 

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